PURO ROCK & ROLL

Del ruido masivo de la multitud emergiendo del metro al embrague de los buses de las peñas; de nuestras voces roncas a las palmadas secas de decenas de miles de aficionados, al unísono, como una sola alma; del “Thunderstruck” anunciando la alineación al rugido del Cholo desgañitándose en la banda o al balón crujiendo contra la red. El Atleti es rock duro, y el Metropolitano el único templo del mundo donde los fieles cantan punk a coro.

   El Atleti es así, rasgado y crudo, como el paisaje a las afueras de Madrid, como Saúl ganando los balones por arriba o como Koke poniendo orden y espíritu con el equipo dos goles abajo; riguroso y despiadado, como los veranos de la Meseta o como las ocasiones frenéticas ahogando al rival hasta el último minuto; tenso y vertiginoso, como la afición mirando de reojo el tiempo en el videomarcador o como Lodi y Trippier penetrando por las bandas; contundente y sobrio, como Costa machacando a su marca o como los goles cayendo uno tras otro; rebelde y testarudo, como Vitolo ganándose el puesto o como la fe de Thomas en cada rebote que precedió al gol en el noventa.

   Sin florituras, sin gestos de cara a la galería, despreciando el comentario del articulista de turno a sueldo de la prensa madridista, ignorando al sibarita del fútbol-museo o a mucho “atlético nuevo” que se dedica a criticar a jugadores que dejarían la vida por su escudo y no vio un partido de su equipo en segunda. “Ahora se hace del Atlético cualquiera”, oí decir a un par de veteranos. Escuchemos siempre a los mayores. No olvidemos nunca de dónde venimos.

   Feo, fuerte, formal. Como un acorde de guitarra eléctrica o como la baqueta del baterista impactando contra la caja. Vibrante, pasional, inconformista, solidario. El Atleti es como nosotros, y eso es lo máximo que una afición le puede pedir a su equipo.

Eduardo Valiente Salas

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