Mis reflexiones sobre Lodis y Reguilones, se viene hilo sobre laterales izquierdos y niveles de tolerancia.


Déjenme exponer de antemano que, en cuestión de laterales izquierdos y de conquistas a partir de las cuatro de la mañana, mi nivel de exigencia es bajo. Me vale casi cualquiera.
Debo confesar que me valen los laterales puros y los laterales conversos.

Me valen los laterales rubios, los laterales morenos y hasta los pelirrojos, como Ansaldi. Me valen los laterales con sobrepeso y los enjutos, como lo era Pernía.

Me valen los laterales que se hacen llamar carrileros porque queda más hipster y me valen incluso los laterales izquierdos a pierna cambiada, de esos que tienen que parar su carrera para sacar un centro a desmano que normalmente no cabecea nadie.


Me valen los laterales izquierdos a los que se les coge la espalda y la matrícula con facilidad. Me gustán también los laterales izquierdos exóticos, como Phillipauskas, del que nunca supimos si corría bien la banda ni escribir su nombre sin equivocarnos.

Me valen los laterales izquierdos fríos y estóicos y los alocados e inconscientes, como Siqueira, del que se dice que era como el caballo de Atila en cuestiones defensivas.


Me valen los laterales izquierdos cuya vida merecería una película, como es el caso de Julio Alberto y los que no dan ni para el capítulo piloto de una serie, léase Clemente Villaverde.

Me valen incluso los laterales izquierdos de los años oscuros: Serena, que parecía bueno y probablemente lo era. Chamot que resultó ser un central atrapado en el cuerpo de un lateral o Llorens, cuyos centros al área acababan en el río la mitad de las veces.

Me valen, claro, los laterales izquierdos con nombre poco complicado, como Toni, y los de nombre compuesto, como Antonio López o Quique Ramos y el que nos traerá el futuro: Manu Sánchez. Que sean de la casa ayuda mucho, todo sea dicho.

Me valía Lodi, a quien recordaremos por abrir de nuevo el camino a un sueño que tenía pinta de torcerse en aquella tarde de arritmías, nervios y pausas de hidratación.

Me vale Reinildo, aunque eso no tenga mérito. A todo el mundo le vuelve loco Reinildo.

Me vale, en definitiva, casi todo. Ustedes me presentan a un agente o a un intermediario y a los diez minutos les estaría comprando un lateral izquierdo casi sin ver un vídeo suyo en youtube.

Esta facilidad mía para con los laterales izquierdos tiene un pero, eso sí, los laterales vikingos. Sé que muchos de ustedes pondrán como ejemplo a Juanfran o a Filipe, tal y como ha expuesto Simeone, pero uno tiene ya ciertos vasos colmados sin espacio ni para media gota.

En esta cuestión, no acabo de alinearme con Diego Pablo, que no es culpable pero sí podía ser más sensible. ¿No habrá por ahí un lateral izquierdo rumano, uzbeko o incluso de Astorga que no sea de ese otro equipo?¿Será que Berta solo se pone ojitos a laterales de pasado canalla?
Se suma el capítulo del futuro lateral izquierdo, que además de vikingo es malo con avaricia, al affaire de las leyendas, lo de la Rata de Madeira y muchas otras tropelías de los que llevan riéndose de nosotros por primos desde que se quedaron con el cortijo sin poner un duro.

Me temo que acabaremos tragando, como es costumbre, y, como mucho, la tomaremos con el susodicho lateral. Sonarán silbidos durante un periodo de tiempo que cada jornada será más corto. Al final olvidaremos la afrenta. Tenemos experiencia en ello.
Cualquier día vamos a tener que pitarnos a nosotros mismos. Ponernos frente al espejo y silbarnos. Abroncarnos a nosotros mismos por que nos valga cualquier cosa. Y no hablo solo de laterales izquierdos.

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Emilio Muñoz
@agoniamediapunt

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