Torres otra vez

Nada más despertarme después de una noche bastante agitada (mi perrilla estaba malita 😖), cojo el móvil antes de levantarme para terminar la semana. Abro Instagram y lo primero que veo es una foto de Fernando Torres diciendo que se retira. 😮

Sentimientos mezclados: “ya se termina, del todo; no trotará más por los campos del mundo”, se mezclaba con otro egoísta: “volverá a casa! Podrá hacer algo en el Atleti!”

Aunque verle sin estar en el campo, no será lo mismo. Pero al menos estará ahí. Cerca… tal vez. Será ese su destino?

Aprovechando este momento voy a confesarme: no viví la carrera de Torres hasta que llegó de vuelta al Atleti hace poco años. Estaba yo, entre estudios y cosas de la vida, un poco alejada del fútbol. Le conocía, sabía quién era y esas pequillas siempre me resultaron entrañables. Ese chaval tenía una cara que me resultaba muy simpática. Pasó el tiempo, la amarga etapa del Atleti y lo único que parecía salvar un poco el barco, era ese pecoso apodado “El Niño”.

Se fue y en ese momento creo que es cuando, extrañamente, empecé a echarle de menos. No seguía mucho el fútbol, pero lo seguía. Y sentía que se iba un chico criado en la casa con un estilo peculiar y desgarbado de meter goles. Pero la vida es así. El Atleti ya no era lo que fue. El fútbol ya no era lo que fue.

El Niño se hizo hombre. Conquistó títulos, renombre… y siempre llevó a su Atleti consigo. Y lo veía y decía: “mira tú el Torres éste, que no se olvida de su equipo”.

Y volvió. Y a pesar de no andar yo muy atenta al fútbol (también eran épocas ya en que sin pagar era imposible ver ‘na’), me ilusionó su vuelta.

Entonces moví cielo y tierra para que alguien se hiciera socio del Atleti conmigo, porque al fútbol mola más ir con alguien, no nos engañemos.

Y lo logré. Y vi al Niño en directo dos años. No fueron los mejores de su carrera. Pero cada vez que salía, yo corría a su lado, le empujaba para que metiera el gol, se me paraba la respiración cada vez que tocaba el balón para disfrutar el momento. Me entristecía cuando lo perdía o no salía la jugada. Me cabreaba cada vez que le tocaban. Aunque no jugara, me emocionaba cada vez que salía a calentar. No era lo mismo el día que no estaba.

Sólo lo vi dos años. Pero la ilusión que ese chico me hizo sentir (sí, sí; ni siquiera estando en sus mejores momentos) son de esas cosas que no se pueden explicar. Pasan cuando pasan. Las provoca quien las provoca.

Por eso, Fernando Torres, quiero decirte lo que más veces vas a escuchar estos días: gracias. Por ser tú. Por ser sencillo. Por ser sincero. Por ilusionarnos. Por transmitir los valores que nos hacen no olvidar lo que somos y lo que cuesta serlo.

Gracias por ser… Atleti.

Ana Lago

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