Un verano sin brillo… pero con brotes verdes

Sabido es que los resultados en los partidos de pretemporada es lo de menos. Más aún cuando la preparación del próximo curso ha venido condicionada por la ausencia de los internacionales y la presencia masiva de canteranos llamados a salir del club o a regresar al filial. No obstante, en la mentalidad ganadora de Simeone no agrada perder ni en los amistosos, como evidenció tras concluir el encuentro del pasado domingo contra el Feyenoord cuando protestó al árbitro, como si se tratara de una final de la Champions, que el gol de la derrota venía precedido de fuera de juego. Sea como sea, la única victoria del Atlético en sus cinco compromisos (perdió dos y empató otros dos) no impide soñar con reeditar el título de Liga, pues el verano también deja brotes más que verdes.

Apenas han bastado poco más de 90 minutos, repartidos entre Cádiz Róterdam, para confirmar que el De Paul que guió a Argentina a la conquista de la Copa América le vendrá de perlas al centro del campo de Simeone, ganando además a un guerrero para la causa, por su carácter, y a un especialista para el balón parado, por su exquisito golpeo.

Su sociedad con Koke y con Lemar se antoja como uno de los mayores argumentos para esperar que el Atlético mantenga el ‘control’ de LaLiga. En este sentido, en las tres apariciones del francés también ha dejado constancia que su talante asociativo explotado el pasado curso apunta a tener continuidad en el entrante. Su sola presencia ya aportaría señales de luz a una línea que en ausencia de sus pesos pesados evidenciaría problemas de clarividencia.

Los focos en esos primeros partidos apuntaron a Saúl por sus errores en el pase que propiciaron los goles encajados ante el Numancia y el Salzburgo (y también porque podía estar jugando sus últimos partidos como rojiblanco), pero el ilicitano conseguiría dar la vuelta a la tortilla. Si finalmente no sale del club, El Cholo seguirá contando con un futbolista mucho más que aprovechable, aunque sea, eso sí, como carrilero izquierdo.

Carrasco quedará marcado por su cruce de cables contra el Feyenoord, pero hasta entonces le habían bastado dos ratos para demostrar que se trata de un jugador diferencial. En Cádiz fue un puñal que definió como el que juega en el salón de su casa y en Róterdam había dejado constancia de su peligro hasta su expulsión.

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