El último ‘baile’ del Mono Burgos con el Atlético

El último encuentro liguero entre el Atlético y la Real Sociedad en el Wanda Metropolitano no pasará a la historia por el resultado, ni por haber logrado la tercera plaza, ni siquiera por poner fin a una temporada atípica y complicada. Lo hará por decir adiós a una leyenda del club colchonero como es Germán El Mono Burgos.

El todavía segundo entrenador rojiblanco vivió un emocionante acto de homenaje protagonizado por el capitán Koke y el presidente Enrique Cerezo antes de comenzar el encuentro. El Mono recibió los aplausos de todos los allí presentes (jugadores, cuerpos técnicos, directivos…), pero no pudo estar arropado por una afición que ha sido suya desde que, en la temporada 2001-02, se enfundara por primera vez la elástica rojiblanca.

La falta de público no fue un hándicap para restarle emotividad a la despedida. El Mono Burgos, uno de los grandes protagonistas de la noche, miraba a las gradas vacías y silenciosas del Metropolitano con la emoción de quien sabe que se está desprendiendo de una parte esencial de su vida. Quizá no para siempre, pero sí de momento. Y decir adiós nunca es sencillo.

Probablemente el gesto más emotivo de la noche por parte del histórico guardameta del Atlético de Madrid fue su mirada al escudo grabado en el césped del estadio. Salió del túnel de vestuarios con los dos equipos ya formados en el terreno de juego y no dejó de mirar ‘su’ escudo durante unos segundos. Acto seguido, se arrodilló y tocó con la mano el emblema del club al que tanto ha querido. Como diciendo ‘hasta siempre, amigo’.

12 temporadas, un ascenso a Primera y siete títulos

El legado del Mono Burgos en el Atlético de Madrid es imborrable. En su primera etapa en el club como jugador, estuvo tres temporadas defendiendo la portería del equipo. En la primera de ellas (2001-02), fue uno de los protagonistas del ascenso a Primera división. Disputó 67 partidos como guardameta rojiblanco, despidiéndose del fútbol profesional en la temporada 2003-04, con la camiseta rojiblanca y en el estadio Vicente Calderón.

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Los caminos de Germán Burgos y el Atlético de Madrid volvieron a cruzarse gracias a Diego Pablo Simeone. El tándem perfecto formado por ambos técnicos comenzó en el año 2011, al mando del histórico Racing Club de Avellaneda. En diciembre de ese mismo año, el Cholo y el Mono atravesaron el charco para afrontar uno de los mayores retos de su carrera como entrenadores del Atlético de Madrid. El resto es historia.

Entre ambos han conseguido levantar siete títulos como entrenadores colchoneros: una Liga, dos Europa League, dos Supercopas de Europa, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Y lo más importante, ambos han cambiado la historia del Atlético de Madrid, dotando al vestuario de un gen competitivo que se mantiene desde su llegada.

La Champions como despedida

Tal y como él mismo afirmó el día que anunció su salida del Atlético, el Mono afronta un nuevo reto en su carrera sin Simeone, su compañero de batallas durante los últimos nueve años: “A la finalización de esta temporada iniciaré mi espacio como primer entrenador, pero me quiero retirar del Atlético saliendo campeón, todavía quedan muchos sueños por cumplir y yo soy un soñador”.

Con estas palabras anunció su salida del club, dejando claro que va a pelear hasta la saciedad por hacerse con el único título internacional de clubes que se le resiste, tanto a él como al club: la Champions League.

Fiel a su lema ‘Nunca dejes de creer’, el Atlético de Madrid está a tres semanas de redebutar en la máxima competición de clubes del mundo. Clasificado para cuartos de final, con el Leipzig esperando, el cuerpo técnico y la plantilla son conscientes de la oportunidad que tienen delante. A solo tres partidos de la ansiada ‘orejona’, al Atlético le sobran los motivos para ir a por ella con fe y determinación, sabiendo que levantarla al cielo de Lisboa sería, cómo no, la mejor despedida para una leyenda del club como Germán Mono Burgos

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