La felicidad de Griezmann

Ha pasado poco más de un año desde que Griezmann anunció que se marchaba del Atlético. Parece un siglo. Resulta cuanto menos llamativo que las únicas sonrisas que se dibujaron en el rostro del bueno de Antoine el pasado martes en el Camp Nou fuesen al saludar a sus ex, daba igual que fuesen miembros del cuerpo técnico o antíguos compañeros sobre el césped. En esos segundos se sentía liberado o al menos lo parecía. Era disfrutar de esos viejos amigos que ves muy de vez en cuanto pero que sientes que nada ha cambiado. Pero si, claro que ha cambiado. Te fuiste a vivir a otra ciudad, cambiaste de trabajo, intentaste hacer amigos en tu nueva empresa… Pero algo no funciona, no hay que ser muy listo para darse cuenta. El francés tenía sus cosas, pero nadie podía negar que era un tipo bromista, alegre… A veces incluso podía pecar de ello… pero ahora, ahora parece un futbolista deprimido. Ni sonríe. Eso si, nadie podrá decirle nunca que no corre. Saliendo prácticamente en el descuento el primer balón que toca es tirándose al suelo para cortar una contra de Lemar (la herencia). Algo le quedó del ADN Simeone.

Hay veces que para encontrar la felicidad es tan sencillo como no tocar nada de lo que tenías. “Allí serás uno más siempre, aquí harás historia”.

Carlos Fernández

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