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Saúl vuelve valiente al Atlético en Roma

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Apenas acaba de salir de la selección sub-21, pero Saúl Ñíguez ya es un caballero. Un señor que sabe jugar al fútbol como si tuviese 35 años y estuviese ya mirando un destino exótico y lucrativo para cerrar su carrera deportiva. En vez de eso, es por ahora ‘solo’ un jugador más del Atlético de Madrid. No, no es exactamente eso: es el líder del Atlético de Madrid. No hay futbolista joven que haya explotado de manera tan sorprendente y continuada como lo ha hecho este ilicitano de 22 años. Jugó en Roma como si llevase el brazalete en el brazo desde hace mucho. A falta de Griezmann, que jugó pero no participó, Saúl recogió del suelo el peso del escudo rojiblanco y luchó por hacerle ganador hasta el último instante sin encontrar finalmente el premio de la victoria merecido.

Decía en una reciente entrevista con El Confidencial que no tiene una posición fija en el campo, que le gusta ser un ‘box to box’, hacer todo lo que pueda, literalmente, para ayudar a su equipo. Esa autodefinición que realizó Saúl se corresponde perfectamente con lo que hizo en el Olímpico. Ubicado esta vez más pegado a un costado, se concentró en frenar el lógico ímpetu romanista antes del descanso para luego asumir el liderato rojiblanco. A través de su participación cada vez mayor en el juego colectivo, el Atlético se fue echando sobre la portería defendida por Alisson y se quedó a las puertas de una primera victoria que habría sido importantísima de cara a encarrilar la clasificación para octavos. Tuvo un palo en el minuto dos, otro en el minuto 92. Y entre medias, jugó, evitó que jugaran los otros e hizo jugar a los suyos.

La vena del Cholo es incontenible. No se puede esconder, es imposible. En el primer gran envite europeo de la temporada, un encuentro previsiblemente exigente en el Olímpico, no pudo evitar recuperar un esquema táctico que poco a poco se vuelve reconocible como propio del Atlético de Madrid. Jugó de nuevo con cuatro centrocampistas centrales en el mediocampo. Lo primero que necesita Simeone antes de hacer el gol es la consistencia y la solidez de su equipo. A partir de ello, de no permitir grietas dentro de la megaestructura de futbolistas, se desarrolla el juego colectivo y, quizás, los goles. Pero es secundario, lo primario es no tener problemas atrás.

Una vez conseguido, empezó a jugar. Y cuando juega, este equipo es muy peligroso, precisamente por eso rechina cuando a veces le cuesta desplegar su calidad y prefiere resguardarse, incluso cuando es superior al rival. Durante los primeros 45 minutos, los rojiblancos, esta vez de amarillo y azul, se enclaustraron en torno a su área a la espera de alguna ocasión de estirarse y encontrar el primer gol. Estuvo cerca nada más empezar con un disparo al palo de Saúl, y luego Koke casi abre el marcador, pero apareció Manolas sobre la línea para evitar que la pelota la traspasase. Pero se concentró en que la Roma no estuviera cómoda, en que no le crease ocasiones.

La nueva Roma de Monchi es una incógnita. No porque haya cambiado mucho, ya que los fichajes realizados no son demasiados y tampoco cambian el ecosistema dejado por Spalletti, pero con Di Francesco no queda todavía claro cuál va a ser su metodología de juego. Es un equipo ya muy consolidado como la alternativa a la Juventus por el ‘Scudetto’ italiano y se siente superior a la mayoría de equipos de su país. Una vez viaja por Europa, se aprecian las costuras. Le falta contundencia arriba pese a contar con futbolistas de la calidad de Dzeko y atrás no es tan fiable como aparenta.

En cuanto apreció Simeone que la Roma era mucho menos temible de lo que creyó cuando eligió la alineación, cambió el esquema. Le costó, por supuesto, pero lo hizo. Primero sustituyó a Vietto, que pese a que no está siendo en absoluto determinante en su regreso al Atlético, sí que tuvo más oportunidades que su compañero en la punta, Griezmann, y entró Correa. Al poco, apareció Carrasco y desapareció Gabi. Y como si no hubiera cambiado nada. No es una buena señal, precisamente. Carrasco no es indiscutible con el Cholo, y debería, porque tiene calidad de sobra como para ser considerado un genio del fútbol, pero si no juega con más regularidad es porque él no es regular y, sobre todo, por un detalle que exaspera a Simeone y por el cual es casi imposible que funcione en este club: es incapaz de jugar en equipo. Solo piensa en sí mismo, en su habilidad para el regate y su lucimiento personal. No aportó absolutamente nada.

Lo que no hizo él, lo hizo Saúl. En realidad, hizo también lo que no hizo Griezmann. Como siempre que entra desde el banquillo, Correa aportó una dosis de desequilibrio que sin él no existe. Con él, Saúl casi crea magia. La Roma se fue descomponiendo, De Rossi, Nainggolan y Strootman perdieron su dominio en el medio y el individualismo de Perotti tampoco resultó eficaz. No era el día, sin embargo, para que el Atlético diese un golpe. Ya saben, lo que se le da bien a Saúl son las eliminatorias. Ahí marca golazos. Ya llegarán.

Jesús Garrido

 

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