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Rojo, blanco y con gafas. Uno de los nuestros

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David-De-Gea

Circula en los últimos días el rumor, puede que cierto (dinero es dinero, y esa es la gran ley del fútbol), de que David de Gea recalará en la filas del Real Madrid la próxima temporada.

La reacción de numerosos atléticos ha sido y está siendo cuando menos airada. Judas, traidor, rata, miserable… pero sobre todo cae un lema que en su momento hizo famoso vía el Frente Atlético vía pancarta en fondo: “Nunca serás uno de los nuestros”.

Antes de analizar quienes son los nuestros, me gustaría reparar en quienes somos realmente nosotros.

Nosotros somos los atléticos, oiga, los hinchas, los aficionados, los que sufren y se alegran, los que siguen ahí todos los años,  los que, en términos “hornbyanos” fuimos elegidos por este club y desde entonces vivimos encadenados a él sin posibilidad de redención.

Eso somos nosotros.

¿Y ellos? Ellos son los profesionales. Jugadores y entrenadores. Estrellas. Empresas deportivas unipersonales con una vida finita. Máquinas bien engrasadas, generadoras de dinero que repercutirá en su comodidad presente y futura, así como en la de sus familiares allegados. Además, a veces, sólo algunas veces, son aficionados de base, desde su infancia quizás, o llegan a convertirse en ello con el tiempo. Pero su realidad es diferente a la nuestra, nos pongamos como nos pongamos.

Nosotros miramos, vibramos, nos encojemos, saltamos, sufrimos y nos alegramos, según le vaya a nuestro equipo. Ellos trabajan, hacen lo que saben y lo que les gusta… Ellos ganan dinero, cantidades que oscilan entre mucho y muchísimo. Nosotros pagamos lo poco que tenemos para que ellos ganen ese dinero.

¿Qué tiene que ver su realidad con la nuestra? Más bien poco.

Uno de los nuestros, decimos. Pero, una vez definidas las diferencias profesionales y económicas, ¿qué nos hace pensar que un profesional es uno de los nuestros?

Consideramos así normalmente a jugadores que han “mamado” nuestros colores desde su infancia. Pensamos en este caso directamente en Torres y Koke. Bien. Buen ejemplo. Sin embargo, aquí también nos caben jugadores que, sin saber nada o prácticamente nada sobre nosotros, un día aterrizan y se dejan el alma. Porque son así, profesionales. ¿Son Godín o Arda de los nuestros? Yo creo que sí. Incluso algunos “maman” exactamente lo contrario. ¿Es Juanfran de los nuestros? Reto en duelo al que diga lo contrario.

¿Y qué me dicen del Cholo, natural de Buenos Aires? Bueno. Caso aparte.

Bien. Ya hemos avanzado sobre los nuestros. Estamos todos de acuerdo con que nos molestaría que estos jugadores fichasen alguna vez por el eterno rival. Comprensible. Son de los nuestros.

Y yo me pregunto, ¿son de los nuestros por su entrega, por su garra, por su honradez, por sus valores… o también porque son buenos jugadores?

¿Recuerda alguien a Fran Mérida? ¿Era de los nuestros? Es un jugador en el que Wenger confiaba casi a ciegas para ser el sustituto natural de Cesc en un pujante Arsenal. Dejó aquello para recalar en un depresivo Atlético de Madrid en las tenebrosas épocas del más oscuro “gilmarinismo”. ¿Y por qué lo hizo? Porque era atlético hasta la médula. Hoy no sé ni por dónde anda. ¿Nos pondríamos hechos una fiera si fichase por el Madrid? Nos daría igual, porque el corazón no mete goles. Pero si hizo un esfuerzo por venir al club de sus amores… un forofo atlético en su casa. Precioso ¿Uno de los nuestros…? ¿O no tanto?

Perea es el jugador extranjero con más partidos con la rojiblanca. Se entregaba pero, por decirlo de forma fina, era bastante limitado. ¿Era atlético? Así lo declaró, lo declara y lo volverá a declarar. ¿Uno de los nuestros? Seguramente. ¿Y qué si lo hubiese fichado el Madrid? Nos habría dado igual, me temo.

Fernando Torres, mi idolatrado Torres, un día se marchó. Tras el 0-6 contra el Barcelona y el equipo “brillantemente” clasificado para la Intertoto, decidió que su recorrido era mayor. Se marchó como lo que es. Como un señor. Pero se marchó. Y nosotros nos quedamos aquí. Encadenados al estilo Hornby.

Aquel verano a mí también me hubiese gustado fichar por el Liverpool. Seguir llevando al Atleti en el corazón, claro, como Torres, pero haberme podido enrolar en una nueva aventura en la que me hubiese convertido en hincha del Liverpool y hubiese cantado cada sábado el “You’ll never walk alone” en Anfield Road, mientras miraba nervioso en internet a la vuelta a casa cómo había quedado el Atleti. Mi Atleti, que seguía ahí, pero yo en la distancia, renovando aires.

No. Yo no me fui a Liverpool. Es ridículo pensarlo, ¿no? Yo me quedé aquí, como me quedé en Segunda años antes cuando tantos jugadores a los que había animado y jaleado se marchaban, unos mejor y otros peor.

Las cadenas no me dejaban moverme, cadenas que los jugadores profesionales no tienen, porque son hombres y sociedades al mismo tiempo, individuos y empresas, que tienen que pensar en su carrera profesional, en su beneficio.

Y Torres se fue, y no nos olvidó. Nos respetó y defendió siempre. Por eso le queremos. Pero se fue.

Y Koke no se va, de momento. Pero si progresa como lo está haciendo, un día pagarán y se irá a ganar más dinero. Y seguramente se portará como Torres. Y no le olvidaremos. Eso esperamos. Pero cuidado, que el destino es caprichoso.

Y ahora volvemos a De Gea. Cuatro años fuera. Como profesional ha pasado más tiempo en el Manchester United (cuatro años) que en el Atleti (apenas dos). ¿Cantera? Sí, claro. Como Raúl en el Atleti o Juanfran en el Madrid. O Luis Aragonés, fíjate tú, también en el Madrid también, mira.

De Gea se fue a hacer las pruebas médicas tapado por una sábana. De un día para otro ya no estaba. En cuanto le fue bien cambió de representante y le pidió que escuchara ofertas. ¿Sucesor de Van der Saar en el United? Ni se lo pensó. Al menos estuvo educado en la despedida. Algo es algo.

Ahora, cuatro años después de aquella salida fulgurante, parece que quiere fichar por el Madrid. Y le llamamos traidor… ¿Traidor a qué? Para ser traidor primero tiene que haber existido algo profundo. Y no veo a este muchacho identificado con nada. Le recordamos porque fue un niño prodigio que salió de nuestra cantera, pero sobre todo porque es muy bueno es por lo que nos molesta que se vaya al Madrid. ¿Su condición de colchonero de cuna? Barato la cotizamos si De Gea es un ejemplo.

Yo no le reprocho nada. Hace mucho que se fue, y estar, estuvo poco.

No es que no sea uno de los nuestros. Es que nosotros no somos uno de los suyos. Ya saben. De los que cobran por esto y no pagan. De los que pueden elegir, en fin.

Victor Hegelman

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