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Los ritmos del Metropolitano

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Por fin nos juntábamos con la familia atlética. Muchos meses a golpe de whatsapp deseando que llegara este momento tras la triste y emotiva despedida de nuestro Vicente Calderón. Cuarta jornada contra un Málaga cerísimo (cero puntos y cero goles) dirigido por un madridista de la Ciudad de los Ángeles (Villaverde) y donde juegan su hijo Adrián y Borja Bastón, canterano del Atleti y vecino del mismo barrio que Míchel, Michel, Michel… (no pudimos contenernos. Y no es homofobia, es tradición e historia. Que le pregunten a Valderrama si no).
 
Cambio de ritmos y de rutinas. De espacios y tiempos. Era el día de la inauguración del nuevo templo atlético, del Metropolitano que ya sustituye al Vicente Calderón. El partido, uno de los 18 que jugaremos esta Liga en casa, contra un equipo que ni fu ni fa. Horario de bocata. Pero con los nervios, todos bien pronto en los alrededores de la antigua Peineta para inspeccionar, localizar, marcar el territorio y, los más impacientes, a hacer cola para entrar.
 
La SAD montó atracciones para niños y mayores en la inmensa explanada encementada que rodea el Metropolitano (me niego a usar el Wanda de esta panda). Colas interminables para los baños químicos. Colas considerables para las atracciones infantiles. Colas insoportables para los tickets de las copas y las cervezas que se dispensaban en furgonetas muy hipsters y “modelnas” con nombre anglosajón (food trucks) en sustitución de los bares tradicionales inexistentes en los alrededores. Porque el Metropolitano es acojonante, pero está en un descampado. Hay terreno suficiente para sembrar trigo, cebada, marihuana o lo que quiera que le den al nuevo Indi para tener esos ojos tan espídicos. Nuevos ritmos, nuevas costumbres, nuevos tiempos y odio eterno al fútbol moderno. Que sí, pero que no. 
 
Nosotros logramos escabullirnos porque conocemos bien Las Musas y Canillejas. Fuimos primero de bares, y después a las “fudtrac”. Rodeamos el Metropolitano y vimos a Manuel Briñas esperando en la entrada del túnel de los autobuses de las dos plantillas. A Capón con una joven guiándole por entre las atracciones infantiles. Saludamos a algunos miembros de la Peña Los50 implicados en poner ritmo de “rocanrol” en los alrededores del nuevo estadio. Hicimos fotos a la bandera con el logotipo enderezado y a la placa de Arteche después de comprobar que la del traidor mexicano era la que más expectación y residuos concentraba a partes iguales.
 
Nos encantó el gran aparcamiento para los autobuses de las Peñas rojiblancas junto al Metropolitano. Nos extrañó que no hubiera ni una escalera mecánica para subir a lo alto de la zona de la antigua Peineta. Ni a ninguna de las otras gradas. Tampoco vimos ascensores. Cosa rara en el siglo XXI. Demasiada escalera para mi gusto.
 
Ya dentro del estadio todos nos quedamos maravillados. Nosotros seguimos en el fondo sur, encima del Frente Atlético. Entramos en cota cero. Cero escaleras. Ni lluvia, ni sol. Baños de sobra y limpios. Asientos amplios y pasillos anchos. Nos han dejado el viento. Y seguro que encontramos pronto algo de lo que quejarnos como los nuevos ricos cuando pasan de un piso de 90 metros sin garaje a un ático con piscina y pádel en urbanización con vigilante privado. El wifi de Wanda ancha, muy bien, pero con la contraseña “madridistashijosdeputa” tampoco funcionaba.
 
En el asiento abatible e ignífugo una bandera conmemorativa de tela. De tela!!! Nos la llevamos a casa después de agitarla sin descanso al tiempo que aprendíamos, a golpe de golpes, a bajar el asiento del culo para sentarnos después de habernos levantado. Uy!!
 
Y comenzó el sarao de la inauguración. El campo no se llenó. Y nunca se llenará. Hay demasiadas zonas VIP para un equipo con una afición tan popular (y peculiar). Los huecos que vacíos correspondían a estas zonas de guiris y adinerados, de gente cool y guapa que la SAD quiere traer al Metropolitano que llama. Wanda para llenarse el bolsillo y seguir forrándose el riñón vendiendo una experiencia en la que los aficionados y abonados formamos parte de su espectáculo. Nos convertimos en figuración con nuestros cánticos y danzas para alimentar su negocio con nuestra pasión. Otros ritmos, los mismos timos.
 
El ritmo de la inauguración fue trepidante. Y como dice Jose, hermano de fondo y padre de Darío, mezclaron churras con merinas, minutos de silencio en recuerdo al fallecido socio número uno con la ovación de agradecimiento al rey colchonero, El Preparado, el sexto. La patrulla Águila pintó la bandera en el cielo redondo del nuevo campo y, aunque somos más de la Patrulla Canina, aplaudimos a los paracaidistas que salían del campo con la bandera de España al tiempo que Gárate, Torres y Hugo hacían el saque de honor y el de la megafonia avisaba que después del partido nos quedásemos justo antes (o a la vez) que su voz era atropellada por el himno del Calderón a un volúmen ensordecedor. Y mira que gritamos. Porque durante toda la previa el Frente y el público del Metropolitano alzó fuerte la voz. Fallaron los ritmos. Abarcar mucho en poco tiempo. Las prisas. Los miedos. Hacer las cosas sin consultar y no dejar espacios ninsilencios no sea que los atléticos se puedan manifestar. La dictadura de la modernidad, de los delincuentes del palco, de los ilegítimos propietarios que cambian escudo, campo y lo que haga falta a fin de engrosar sus ingresos. Y todo sin preguntar.
 
El partido fue lo de menos. El Atleti salió a no perder. A marcar en el segundo tiempo en la portería del
fondo sur. Los futbolistas estaban más pendientes de la grada que del balón. De si los videomarcadores dejaban otra vez de funcionar que de su par. De si se escuchaban los cánticos en todo el estadio que de presionar. El Atleti tuvo el balón, estuvo en el campo del Málaga, pero no creó peligro. Sólo Correa se mostró con ganas. La defensa, muy sobria y segura ante un equipo inofensivo como el Málaga paralizado ayer ante los fuegos artificiales del estreno del Nuevo Metropolitano. Oblak tuvo dos intervenciones de mérito. Un mano a mano con Borja en la primera parte que sacó con unos reflejos  prodigiosos y un lanzamiento por arriba en la segunda mitad que tocó lo justo y necesario para evitar el empate.
 
El gol lo marcó un desaparecido Griezmann adelantándose a la defensa tras una jugada eléctrica de Angel Corazoncito Correa. Justo cuando Torres estaba en la banda sin la sudadera para entrar por el gabacho. Desconocido, ausente y más centrado en su Twitter y sus anuncios que en hacer lo que mejor sabe: jugar como Dios al fútbol.
 
Tres puntos. Estadio estrenado en Liga. Me encanta el Metropolitano. Lástima que con estos dueños los aficionados seamos mera figuración a la que seguir exprimiendo. No queda más que resignarse, que coger el ritmo, que adaptarse a los nuevos tiempos. Es lo que tiene estar enamorado del Atleti, que. Onlo pueden entender, que no se puede explicar.
 
“Muchaaaaachos, hoy viajamos juntos otra veeeeez…”
 
Aúpa Atleti. Siempre. 
 
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