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Los despistes de Griezmann potencian el ruido a su alrededor

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El gran Atlético de Madrid de las últimas temporadas se ha ganado, por sensacionales méritos propios, que se le exija más de lo que ha conseguido hasta el momento en la campaña que está en marcha. Así lo entiende el propio Diego Pablo Simeone, que recibe de buen grado las reacciones negativas al inicio de curso de su equipo. “Estamos abiertos a las críticas, te expones a ello. Estamos siempre expuestos a ellos. Es nuestro trabajo. Hay veces criticas positiva, otras veces son negativas. A veces puedes jugar un primer tiempo muy bueno, terminas haciendo 15 minutos malos y la crítica se queda con los últimos. Si terminas jugando veinte minutos buenos, la crítica se queda con ese último pedazo. Es muy variable. Debemos saber que todo va relacionado con el resultado. Si acabas bien, la valoración es positiva”.

Claro que a Simeone le gustaría estar ahora mismo más arriba en la Liga, con más puntos, aunque se da por satisfecho con la cantidad que tiene, que califica de “bastante buena”. Por supuesto que desearía no estar con el agua al cuello en la Champions tan pronto por primera vez desde que es entrenador rojiblanco. Y por supuesto que querría que sus delanteros rindiesen mejor. Pero es lo que hay y tira para delante con lo que hay. “Es normal que cuando tienes delanteros importantes y un equipo importante como el Atlético y no podemos concretar las situaciones que generamos, es normal que se apunte sobre una crítica desde el juego o desde las situaciones falladas”. No lo dice, en ningún momento de la rueda de prensa previa al partido del Villarreal le mencionó, pero es un mensaje dirigido a Antoine Griezmann.

El de Borgoña no está atravesando un buen tramo personal a nivel deportivo. Como líder indiscutible del proyecto colchonero, a Griezmann se le demanda una aportación mayor que la de sus compañeros, ser el líder en los momentos de necesidad, que marque los goles que otros no anotan. Vamos, que sea el mismo Griezmann que se ganó mando en plaza desde su primera temporada en el Calderón. Ahora, en el ilusionante Wanda Metropolitano, Antoine no encuentra la misma sintonía que le hizo transmitir al mundo su calidad prácticamente cada jornada de todos los campeonatos en disputa. La misma que le hizo ser candidato serio al Balón de Oro.

El ‘7’, mucho menos acertado que en temporadas pasadas, solo ha podido anotar tres goles en los diez partidos que ha jugado hasta el momento, todos ellos empezados desde el primer minuto. Su estreno liguero fue una premonición (exagerada, claro) de lo que sería su devenir en las siguientes semanas. Después de no participar prácticamente en el juego de su equipo, vio la roja por menospreciar al árbitro en el empate a dos goles del Atlético en Girona. Dos partidos de suspensión y regreso al césped en Champions para marcarle de penalti al Chelsea en un partido que acabó en derrota. A partir de ahí, el mejor momento del Atleti en lo que va de curso con tres victorias consecutivas en Liga en las que siempre participó Griezmann: dos goles y una asistencia ante Málaga, Athletic y Sevilla. Desde entonces, la nada habiendo jugado casi todos los minutos.

Griezmann quedó muy marcado desde que decidió salir en la televisión francesa diciendo que su fichaje por el Manchester United tenía un 60% de posibilidades de hacerse real. Después de que los colchoneros acabaran otra temporada sin títulos y eliminados otra vez por el Real Madrid en la Champions League, el chico inició sus vacaciones anunciando que se podía ir. Lo dijo elegantemente, pero lo dijo. La oferta del United era demasiado buena como para dejarla pasar. Mucho dinero, unas ambiciones competitivas mayores y un lugar propicio para explotar de verdad como uno de los más grandes del planeta. Mourinho le iba a dar el timón de los ‘red devils’.

Pero llegó la confirmación de la sanción de la FIFA y el Atlético se quedó sin poder fichar. Griezmann se quedó porque tuvo que quedarse, pero en su mente estaba irse. El Atleti no tenía opción a vender. No podía debilitar la plantilla dejando escapar a su mejor jugador, aunque ello significara una inyección de capital fundamental en un club con gastos del estadio y todos los extras que su construcción ha implicado. La ilusión de la grada del Wanda se habría desvanecido si hubiera empezado la andadura en el nuevo recinto sin su estrella. Antoine lanzó un mensaje de unidad y fuerza por entonces y renovó por mucho dinero, pero estableciendo la cláusula que le da libertad en 100 millones de euros. Es decir, lo retuvieron por un año más con un salario que le tendría contento, pero con la puerta abierta para una salida futura.

Al club ha llegado dinero de traspasos de jugadores secundarios, como Óliver Torres y Theo Hernández, pero se han tenido que acometer, además de los gastos no previstos de los accesos al Wanda, los fichajes de Vitolo y Diego Costa, que entre ambos suman unos 100 millones. Es decir, el Atlético necesita liquidez para subsistir. Por mucha ayuda que puedan suponer los chinos de Wanda, la realidad colchonera sigue siendo la misma de siempre: vender para reconstruir. Se da por hecho que esta va a ser la última campaña de Griezmann en el Atlético, y probablemente así sea. Ahora ya solo depende del jugador que sea la peor de todas en cuanto a números o se parezca algo más a las anteriores que le otorgaron el cariño de la afición, que ahora genera un ruido creciente por sus actuaciones de bajo nivel. No le perdonan que se quisiera ir. Solo sus goles pueden aliviar el resquemor.

Jesús Garrido

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