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Lo que sabemos hacer bien

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Cuando Maurice y Dick MacDonalds decidieron en los años 50 inventarse el concepto de restaurante que cambiaría el mundo, lo hicieron bajo una premisa muy simple: hagamos mejor y más rápido lo que ya sabemos hacer bien. Décadas después, en el Atleti, llevamos varios años disfrutando de la élite del fútbol con un planteamiento muy parecido. Potenciando puntos fuertes y olvidándonos de supuestos productos gourmet que en realidad no existen. Funciona. Siempre habrá recién llegados que, aturdidos por el olor a glamour de garrafón, reclamen con cierta insolencia la ampliación del menú a esos platos aparentemente sofisticados que ven en el Teletienda, pero tarde o temprano aprenderán que les están vendiendo placebo. El crecepelo no funciona.

Tenía mucho miedo al partido de ayer contra el FC Barcelona pero reconozco que volví a casa, si no contento, al menos muy cerca de alguna de sus variedades. Tenía muchas dudas respecto a lo deportivo pero también sobre lo emocional. El ambiente estaba tan cargado políticamente en los días previos que me temía lo peor. La afición del Atleti volvió a darme una lección. Otra. Alguien debería llevar la cuenta. Lejos de mítines extemporáneos o de alimentar un clima de rencor que seguramente hubiese afectado (para mal) a los jugadores en el césped, la afición colchonera se dedicó básicamente a animar a su equipo. Sí, la densidad de banderas españolas estaba por encima de lo que era normal y sí, el tema estaba flotando en el ambiente pero salvo algún energúmeno puntual, escondido en la grada, o un par de anécdotas matizables (la más significativa las recurrentes pitadas a Piqué) el respeto fue casi exquisito. Más que en muchas otras ocasiones consideradas “normales”. Algo que, sinceramente, me hizo sentirme orgulloso. Es más, asistí a escenas inéditas como la de ver una Senyera (constitucional, lógicamente) ondeando en el Fondo Sur. Impensable en otros tiempos. Siempre habrá quién quiera rebañar en el saco del odio para encontrar carnaza (he mirado de refilón alguna publicación catalana y veo que las ganas de hacer daño nunca terminan) pero es imposible razonar con el que vive de chapotear en el enfrentamiento.

Hablando de fútbol, creo que el empate es un resultado justo. La primera parte del Atleti fue particularmente buena. Venía de dos partidos que habían socavado los cimientos de la confianza y era importante no ahondar en ese camino. Los de Simeone volvieron a tirar de orgullo y rigor táctico para equilibrar las diferencias y competir contra todo un FC Barcelona. El rival era el más difícil posible (un equipo en racha que rara vez te deja el balón) pero el Atleti supo adaptarse. A diferencia de otras veces, los rojiblancos tuvieron mucha inteligencia con el balón en los pies y eso les hizo superar al rival en varios tramos de una primera parte en la que creo que fueron mejores. El rigor defensivo habitual maniataba las ocasiones del club blaugrana pero las veces que el equipo conseguía salvar la brutal línea de presión adelantada de los de Valverde, aparecía además una clara ocasión del gol. Griezmann pudo abrir el marcador en una gran jugada pero Ter Stegen volvió a demostrar lo gran portero que es. Hubo otras situaciones peligrosas pero tuvo que ser ese portento de la naturaleza llamado Saúl el que abriese el marcador. Encarando la frontal del área con poderío y poniendo el balón junto al palo.

La segunda parte fue otra cosa. El Barça metió un punto más de velocidad y el Atleti empezó, poco a poco, a acusar el cansancio. Simeone trató de equilibrar el equipo pero tenemos lo que tenemos. La mala gestión de la dirigencia y la resolución del TAS nos ha dejado en una situación precaria que reluce más de la cuenta en días como el de ayer. Es así. Podemos seguir lamentándonos de nuestra “suerte” o apretar los dientes y mirar hacia delante. Simeone, afortunadamente, es de los segundos y eso es lo que nos salva. Hay algún rapsoda que, escondido entre la masa, decía sin rubor que el Atleti se echó atrás cuando debería haberse puesto a imitar a la selección brasileña de los 70. Bueno, también hay gente que sigue creyendo que la tierra es plana. Prefiero hablar de cosas serias. El Atleti no se echó atrás sino que lo echaron atrás. Donde antes una triangulación salvaba la presión del rival ahora las fuerzas no acompañaban y eran incapaces de sacar el balón jugado. Los de arriba, agotados, ya no tiraban el desmarque y los del medio, agotados, ya no tenían la frescura de armar la contra.

El pasado verano, gracias al destino, Gaitán, Vietto y Gameiro recibieron una oportunidad que no merecían. Ninguno de los tres la ha aprovechado. La entrada de Gaitán fue ayer una mera anécdota. No hizo nada. Así, en genérico y en particular. Vietto estaba en la grada después de demostrar varias veces a lo largo de la temporada que el Atleti le viene grande. Gameiro, que antepuso sus vacaciones a su operación en un gesto controvertido, correteaba por la banda de calentamiento con cara de aturdido. Ha jugado poco pero casi mejor que haya sido así. No creo que Simeone sea un entrenador que deje en el banquillo a un jugador aprovechable. Su no presencia en el campo se justifica básicamente en un estado de forma deplorable y en una actitud impropia de esa plantilla.

El gol del Barça se veía venir pero la desgracia hizo que llegase justo cuando pensábamos que la victoria estaba cerca. Un excelente remate de un excelente jugador, Luis Suarez, que volvió a compensar su inmenso talento con inmensa estupidez. Celebrando el gol como sólo un niño arrogante y malcriado lo hace. Algo que no creo que deje de ocurrir mientras en su casa (junto a los vendedores de camisetas) le justifiquen y rían las gracias. El empate era justo pero nadie se hubiese sorprendido si el Barça hubiese terminado llevándose los tres puntos en el último minuto.

Doy por bueno el empate. Todo lo que sea llegar a enero vivos e indemnes será un gran éxito del equipo (o del entrenador, que es como decir lo mismo). Tenemos lo que tenemos y hasta entonces no habrá más pero tampoco menos. Seamos justos. Seamos serios. Apretemos las filas, tengamos paciencia y encaremos con optimismo el siguiente partido. Hagamos bien lo que sabemos hacer bien. Entre otras cosas porque no podemos hacer otra cosa.

Ennio Sotanaz

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