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Las entradas que no vendió el Atlético en Lyon y los porqués de la ‘pereza’ de la afición

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Lyon no está lejos, o no al menos cuando uno se piensa desde Madrid en Europa. La ciudad, cobijada a las faldas de los Alpes, es el escenario de la final de la segunda competición continental. Allí estará el Atlético, con el Cholo, con Oblak, con Godín, con Koke, con Saúl, con Costa, con Griezmann. Y con menos gente apoyando de lo que podría esperarse. Tiene fama la afición rojiblanca de entregada, fanática, de esas que anteponen su equipo a casi cualquier otra opción de ocio. En este caso, sin embargo, ha habido demasiados que han preferido permanecer en casa y 1.200 de los tickets que se han quedado sin vender a los aficionados.

Serán 10.000, que no son pocos en absoluto, pero sorprende que en esta ocasión no haya habido más peticiones que oferta. Más aún si se tiene en cuenta que el viaje, siempre costoso, en esta ocasión no es una locura. Los aficionados atléticos acudieron en masa a Hamburgo y a Bucarest, los antecedentes más recientes de finales en esta competiciones, ambas ganadas por los rojiblancos. Eran otros tiempos y había otros condicionantes.

¿Por qué esta vez no? Pues, primero y más importante, porque los tiempos han cambiado y, sobre todo, ha cambiado el Atlético de Madrid. Lisboa y Milán son dos finales perdidas, un mar de lágrimas, pero también la realización de que el equipo es, realmente, un grande de Europa. Competir a ese nivel en Champions League, hace que la Europa League ilusiones bastante menos. Fue el propio Gabi el primero que, cuando fueron eliminados tras la liguilla inicial, reconoció que el otro camino era más de espinas que soñado. Una final apetece, por supuesto, pero esto es lo que es.

La UEFA, además, tiene la costumbre de colocar este partido el miércoles, marcando así ya de inicio que tampoco están del todo preocupados por el retorno que les pueda dar este partido. Hace años que cambiaron la Champions al sábado porque ese era el mejor día, tanto para las televisiones como para los desplazamientos. La idea era realzar el evento y lo consiguieron, pero intentar lo mismo con la Europa League no entraba dentro de los planes.

El miedo a la afición del OM

Eso obliga a una logística algo más complicada que implica pedir días libres en el trabajo o sacar a los niños del colegio en un día lectivo. Para los niños este partido tiene otro problema, en realidad para los aficionados en general, y es que los ultras del Marsella, el rival, no están precisamente entre los más calmados del continente. Además, ambos equipos cuentan con cierto historial de agravios que no suponen un buen augurio. Y las autoridades francesas no han sido las mejores deteniendo altercados en los últimos años. Hay aficionados que, con todas las dificultades, añaden la sensación de inseguridad entre los motivos por los que no merece la pena recorrer los 1.230 kilómetros que separan Madrid de Lyon.

Además, y como en todas las finales, está en cuestión el sistema de reparto de entradas. En este caso el problema no ha sido el exceso de demanda, pues no se han llegado a colmar las expectativas, sino un modelo que ha hecho que muchos indecisos hayan optado finalmente por quedarse en casa y, como mucho, ver el partido desde el sofá rodeado de amigos. ¿Cuál ha sido? Por estricta antigüedad, igual demasiado estricta.

El sistema parecía bueno, pero quizá tuvo una perspectiva demasiado optimista y consideró que los socios más antiguos cubrirían rápidamente las 12.000 entradas disponibles. El club dispuso que fuesen ofreciéndose entradas por franja de número de socio hasta agotarlas. Y fue la cosa bien, muy organizada, pero los últimos días quedaron demasiadas entradas y poco tiempo para organizar un viaje hasta Lyon. Muchos socios de menos tiempo se encuentran con que tenían opción de acceder a un ticket que no esperaban, pero no tiempo suficiente para buscar precios razonables para desplazarse hasta la ciudad alpina.

La final, además, es en Francia, y con el Olympique de Marsella en liza es obvio que la mayoría del público, dentro y fuera del estadio, será gala. Son solo 314 los que separan Lyon de la ciudad costera y los hinchas del OM no dudarán en hacérselos. Incluso si no tienen entradas, por el mero hecho de estar en el lugar en el que ocurren las cosas. Porque, dentro de la inmensidad europea, Lyon no está del todo lejos de Madrid, pero esto es otra dimensión.

10.000 hinchas, 12 vuelos chárter, 38 autobuses y 1.000 coches particulares atléticos se encaminarán el miércoles a Lyon. Allí les esperarán Oblak, Godín, Koke, Saúl, Costa y, por supuesto, Griezmann. Desde las gradas mirará Simeone porque la idea es, nada menos, que ganar un nuevo título europeo. El Atlético, que ahora mira esto de otra manera porque se ha convertido en un grande de Europa, también sabrá disfrutarlo si hacen buenos los pronósticos.

G.C

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