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Empiezo a ver buena la idea de jugar la liga los lunes. Es dÃa de semana, y este disciplinado equipo está dispuesto a cumplir el calendario laboral al pie de la letra. Ahora, de trabajar los domingos ni hablar. Es el dÃa del Señor, y toca descansar.Hijos mÃos, ¿por qué no jugáis siempre asÃ? ¿por qué hacéis sufrir tanto a vuestros fieles? Prometà tener la cabeza frÃa y lo cumpliré, pero no puedo evitar deciros lo que todos sabéis: tenemos pie y medio en la final.
Hoy, cual capÃtulo de Barrio Sésamo, hemos aprendido dos buenas lecciones. La primera, que presionando al equipo rival somos capaces de robar balones y, en consecuencia, lastrar conatos de peligrosas ocasiones. Y la segunda, que al fútbol se juega sobre el césped, y no por el aire.
Interiorizados estos dos mensajes, el Atlético de Madrid saltó al campo con hambre, convencido de sà mismo y de sus posibilidades. Desde el primer minuto hemos salido al ataque, y hemos encontrado lo que imperiosamente hemos buscado, marcar (varios) goles y mantener la porterÃa a cero.
Hoy sobre el campo el que partÃa el bacalao era Assunçao, y todos se plegaron ante él. Controló el campo durante los setenta minutos que jugó con la inestimable ayuda de Tiago, que consiguió dar salida a cada balón que bajaba al césped el portugués. Ambos se han consolidado como los dueños y señores del centro y difÃcil será que la eterna promesa GarcÃa o el también eterno canterano Camacho les quiten el puesto.
Ujfalusi le ganó la partida a un abucheado Canales que no tuvo opción de mostrar su valÃa. Por aquà dicen que tiene principios del sÃndrome Julen Guerrero. Ya saben, aparezco, desaparezco, aparezco, desaparezco... El único que inquietó tÃmidamente a David De Gea fue Tchité que revolvió bien cerca del área aunque siempre con un final frustrante.
La otra cara de la moneda fue la delantera colchonera, con un Kun intratable que superaba por fuerza, velocidad y sobretodo picardÃa a los racinguistas, que ayer vestÃan de verdinegro.
PicardÃa también la de Reyes en el primero de los goles. Fallaron hasta cinco jugadores del Racing y el utrerano remató a placer confirmando los buenos sÃntomas que hasta el momento habÃan mostrado los de Quique.
Una empalmada de Simao asentó el partido y dos penaltis, uno más legal que otro, transformados por Forlán pusieron la guinda a una noche perfecta que celebró fervientemente la hinchada colchonera al verse cada dÃa más cerca de una final diez años más tarde.
Pero ojo, hay una extraña coincidencia que inquieta seriamente a alguna cabeza mal pensante que recuerda que hace diez años, cuando bajamos al pozo, estuvimos en la final de la Copa y llegamos hasta octavos en la UEFA. Que no despisten lo importante pues una final, si llegase, no es más que pan para hoy y hambre para mañana.
Javier Dorado
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