El mundo se enciende At. Madrid 3 – Villarreal 0

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Era ya noche cerrada. Corría el año 1996 y al igual que otras muchas personas yo me encontraba en las inmediaciones de la plaza que corona el Dios Neptuno en Madrid. El ruido era tremendo y apenas se podían distinguir las frases que volaban por el cielo. El Atlético de Madrid acababa de ganar la liga y yo estaba allí para celebrar lo que nunca pensé que pudiera celebrar en vida. El autobús de los jugadores no podía llegar hasta la fuente, de la cantidad de gente que cerraba el camino, así que tuvo que aparcar en algún lugar de la Carrera de San Gerónimo, cerca del congreso, mientras sus inquilinos bajaban a pie hasta el monumento. Aquello fue un precioso baile de masas para los héroes del doblete. Yo estaba allí y aunque no soy muy dado a los mitos ni a los autógrafos ni al contacto con los protagonistas del póster no pude resistir la tentación de chillarle al Cholo Simeone del que me separaban apenas unos metros. “Cholo, cholo,…”, me desgañitaba al igual que otros tantos colchoneros que se agolpaban alrededor mío en las vallas. lo normal es que no hubiese pasada nada más pero aquella noche era mágica y el Cholo se giró. Se giró y me miró a mí. En una de esas situaciones para las que sólo a posteriori encuentras una frase brillante, lo único que me salió decir fue un sincero y emocionado: “¡por fin!”. Simeone, al que no conozco y con el que no he cambiado una frase en mi vida, recorrió los seis o siete pasos que nos separaban y por alguna razón, que yo agradeceré toda mi vida, se fundió en un sincero abrazo conmigo.

No creo en la objetividad extrema, especialmente hablando de fútbol. No conozco a nadie al que le guste el fútbol de verdad y no sea de algún equipo igual que no conozco a nadie que tenga pasión por algo y resulte ser imparcial en ello. Es estúpido pensar otra cosa pero es que además no veo mal que sea así si evitamos a los hipócritas. Yo no soy imparcial ni objetivo. Trato de ser sensato y juicioso pero sé cuales son mis limitaciones. Tengo un cariño especial por aquel Simeone y es muy difícil que nadie me lo quite nunca. A mí me pasa lo que a mucha gente que comparte la pasión colchonera. No puedo ser neutral ni objetivo con el Cholo. El Simeone jugador fue el estandarte de una época que mi generación recordará hasta la tumba y su imagen en el campo representa aquello que siempre hemos sentido indisoluble con el Atlético de Madrid. Ahora bien, también tengo que decir dos cosas que equilibrarán algo la balanza. La primera es que la llegada de Simeone como entrenador me parece el enésimo fuego de artificio de MA Gil y viene cargada de demagogia, falsa moralina y desfachatez. La segunda es que soy seguidor de Racing de Avellaneda y he visto jugar a la Academia con el Cholo el pasado semestre. Se me estremecen las carnes de pensar que eso sea lo que nos espera.

Pero es difícil ponerle peros al partido de hoy contra el Villarreal. La mañana era fría, el cielo era gris, el plomizo frío del Manzanares carcomía los huesos pero la gente parecía que tenía ganas de felicidad. Real o ficticia. Proscrita o legítima. Ni rastro de las protestas anti-directiva anunciadas entre semana (descorazonador) así que los obvios y cada vez más previsibles y con menos gracia gritos de la grada era la única banda sonora del comienzo del partido. Un comienzo que sin embargo no fue bueno. Bien en el carácter mal en la intensidad. El juego se tornaba lento y plomizo y el partido se clavaba en la intrascendencia. El Atleti parecía más preocupado por tapar los huecos y juntarse mientras que el Villarreal deambulaba aturdido por el terreno de juego con una falta de ideas importante. El Atleti no robaba arriba ni salía rápido. Los de castellón tenían el balón pero no sabían que hacer con el. Tan sólo los colchoneros llegaban de vez en cuando a puerta contraria gracias al balón parado o alguna que otra salida de guión de Turán y sobre todo Diego.

Pero poco a poco la música fue cambiando a favor de los madrileños. Más por empuje y raza que por juego, el Atleti se dedicaba a jugar cada vez más en el lado contrario y cada vez más intentaba también tratar algo mejor el balón, gracias fundamentalmente a un Diego que derrochando generosidad en defensa marcaba la diferencia en ataque. Casi terminando la primera parte aparecieron los buenos. Un renacido Tiago (me acuerdo de Manzano aquí pero me ahorro el comentario) mete un soberbio pase (probablemente en fuera de juego pero muy dudoso) a Adrián que asiste magistralmente a Falcao en boca de gol para que el colombiano se revuelva e inaugure el marcador. Gran combinación de tres peloteros. Por estas cosas son por las que tienen que jugar siempre los buenos. Por eso no entiendo que se dude de la titularidad de Adrián.

La segunda parte fue otra cosa. El Atleti salió a morder con muchos menos reparos y anuló por completo al Villarreal. Los de amarillo se mostraron la sombra de lo que fueron hace bien poco. Lentos, espesos, sin alma y sin ideas. Desbordados por los madrileños los 90 minutos dieron una imagen pésima que alienta los fantasmas de la segunda. Pero el Atleti no tuvo piedad y ejecutando con precisión esa presión asfixiante que echamos de menos en la primera parte, cerrando huecos y robando el balón se hizo con el el partido. El 2-0 llegó de penalty a Falcao (que fue en realidad falta fuera del área) tras un taconazo de crack nuevamente de Adrián. Los castellonenses podrán quejarse del árbitro con razón pero sería algo humillante para un equipo que ha demostrado señoría y criterio un millón de veces en este estadio. El Villarreal ha empequeñecido su escudo y no ha merecido hoy ni tan siquiera empatar.

A partir del segundo gol el partido ha sido de juego a placer. Los amarillos trataban de soportar la vergüenza a base de jugar el balón pero lo hacían con tan poco criterio que resultaba ridículo. Los madrileños se gustaban y sólo la falta de puntería y alguna buena intervención de Diego López libraron al Submarino Amarillo de llevarse un saco de goles. El tercero, de un gran Diego, llegó tras pase de Filipe que lo dejaba sólo en el centro del área.

Buen partido en líneas generales del Atleti que alimenta las esperanzas incluso de los que, como yo, éramos pesimistas con el juego que podría ofrecer el Atleti de Simeone. Espero y deseo que la valentía de hoy no se difumine jugando lejos del Calderón. El cualquier caso, parece que esto se enciende.

Ennio Sotanaz

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