“El fútbol no tiene memoria” es una de las frases más recurrentes de este mundillo. Sin embargo, resulta curioso comprobar cómo, en ocasiones, dicha sentencia tiene un componente más o menos negativo según sea el escenario en que se emita.
Y yo me pregunto, ¿el fútbol no tiene memoria? Pues debería, sobre todo cuando la pérdida del citado atributo mental lleva aparejada la omisión de otros valores como la dignidad. Y a medida que avanza el culebrón naciente del Kun, me parece son demasiados los que de memoria y dignidad andan bastante mal.
Así, me parece indigno cómo los medios afines al lobby blanco (casi todos, por cierto) se sienten decepcionados si Florentino no va directamente a por el argentino, pasándose por el forro tanto contratos en vigor, como normas internacionales sobre el particular, así como presuntos pactos de no agresión o de buena vecindad (si es que existen). Ataca Floren, ataca. Hunde a esos piojosos. Ejerce el “protocolo de fichajes” una vez más. Es decir, acuerda con alevosía, miente, incumple, presiona y ejecuta. Aplasta a estos asquerosos. Nadie te dirá una palabra sobre el señorío. Total, eres tú quien decide en cada momento el significado de esa palabra. Los órganos de propaganda se encargarán de construir las verdades que hagan falta.
Me sorprende, por otro lado, esa visión inocente que tienen algunos sobre los jugadores de fútbol, esos humildes jornaleros de seiscientos euros al mes, que parece nos hace sentir pena por su futuro cuando un club no les deja ir donde les da la gana y cuando les da la gana. Así, pobre del Kun si, con tres años por delante de contrato y seis millones doscientos mil euros anuales NETOS de ficha, al pobrecito no le quieren dejar ir al Madrid. La alarma social, la agitación, la sensación de traición y la consiguiente frustración que tal hecho crea en el entorno atlético es algo que el club rojiblanco debe obviar. Hay que pensar en el bien del Kun y no frustar su carrera, la cual sólo tiene un camino para llegar a lo más alto: el Real Madrid.
Señores, no estamos hablando de un jefe de sección de Carrefour que pretende fichar por El Corte Inglés a cambio de quince mil euros más en la nómina anual, además de un seguro médico más completo. Hablamos de multimillonarios malcriados, de profesionales altamente cualificados y claves en sus empresas. Si admitimos, desde un punto de vista laboral, que un Director General no puede fichar por la empresa de la competencia durante un plazo determinado y eso se puede hacer constar en contrato, ¿por qué es un atentado a la libertad que un futbolista de diez millones al año brutos reciba limitaciones o instrucciones de su empresa sobre el club al que quiera marcharse? No olvidemos que estamos hablando de una ruptura unilateral, un anuncio de incumplimiento de contrato, sin más, cuyas consecuencias son las que establece el propio marco contractual y la ley. Pero no, hombre. Pobrecito Kun, que no le dejan cumplir su noble deseo de jugar en el Madrid.
Me sorprende igualmente (o quizás no) el silencio mediático existente sobre los constantes insultos y desprecios que ha recibido el Kun de un gran número de aficionados blancos. No veo en estos días la foto del fondo sur del Bernabéu con su pancarta exhibiendo un concluyente: “¿Kun Agüero? Ni regalado”. Tampoco hay grabaciones ni imágenes (fácilmente encontrables en Youtube) con el cántico habitual “Agüero, muerto de hambre”, repetido hasta la saciedad o aquel “Sergio Agüero, tu suegro es farlopero”, o este otro tan gracioso: “Benjamín es hijo de Higuaín”. Eso ahora no es noticia. No “en este momento”, ¿verdad? El protocolo no incluye que se hable de estos temas.
Qué poquito aparecen también, por cierto, en estos días las palabras del Kun sobre sus afirmaciones de no ir jamás al Madrid (ni loco, ni en pedo) porque traicionaría al club, a sus aficionados y a sus compañeros. Tampoco nadie ha rescatado el vídeo en el que expresaba su alegría tiempo atrás con motivo de una eliminación europea del Real. Son minucias periodísticamente irrelevantes, ¿verdad? Será que en esta semana en la hemeroteca están de obras y no abren.
Y para finalizar, si el Kun definitivamente dice, como anuncian los sesudos agitadores de lobby, que sólo quiere jugar en el Madrid… ¿qué quieren que les diga? Me sorprendería y me decepcionaría, ya no por su falta de palabra, por su abrupto cambio de discurso, o por su trato frío, cruel y traicionero con los que le han querido, ensalzado, respetado y adorado como a un dios durante cinco años. No. No es sólo por eso.
Me decepcionaría su falta de dignidad por querer ir al club en el que le conocen como “el muerto de hambre”, no sólo entre los aficionados, sino entre empleados del propio club, por más que ahora todo se trate de ocultar y olvidar.
Me apena, porque teniéndolo todo, el acto del Kun es un acto de sumisión, de poco respeto a uno mismo, de humillación. “Muerto de hambre” es algo peor que un insulto, mucho peor. Es un desprecio xenófobo, al Kun y a su familia. Y el argentino se lo traga con tal de entrar en el club social de los elegidos. Borramos la memoria, nos guardamos la dignidad y entramos a la fiesta a intentar parecer uno más. Pero no lo serías nunca. Serías un invitado, un converso judaizante. Nos vales lo que valgan y duren tus goles, pero no eres de los nuestros. Serías la chica virtuosa de buena familia que se convierte en meretriz del rey con tal de vivir en la corte.
¿Merece la pena? Si la respuesta es positiva, Kun, quizás al final tengan más razón de la que parece aquellos que hace dos semanas te llamaron, otra vez, “muerto de hambre”.
Victor Hegelman
